Frómista

La plaza de Frómista pasó a formar parte del Reino de Asturias a finales del s. IX en tiempos del rey Alfonso III, el Magno (869-910).
Los primeros datos históricos documentados sobre Frómista de que tenemos noticia aparecen a mediados del siglo XI. El documento clave data del año 1066 y se trata del famoso testamento de la reina doña Mayor a favor del monasterio de San Martín. A mediados del siglo XI Frómista es un pueblo perfectamente constituido.
Muchos judíos emigraron hacia los reinos cristianos del norte con la llegada de los almorávides en 1086 y, sobre todo, de los Almohades en 1146. Bajo el reinado de Alfonso VII, figuras judías influyentes, como Judah ben Joseph ibn Ezra, intervinieron para que el rey permitiera a los judíos que huían de la persecución almohade establecerse en Toledo y en otras plazas castellanas tales como Frómista, Carrión y Palencia, en las que se acabaron formando nuevas comunidades.
Entre los siglos XI y el XV Frómista será una villa donde residirán multitud de judíos en un barrio que contará con más de 200 familias, convirtiéndose en una de las mayores juderías de astilla.
Uno podría suponer que el legado dejado, dada la cantidad de personas que vivieron aquí, debe ser importante e impactante, pero nada más lejos de la realidad. Nada es lo conservado del paso de los judíos en Frómista. Como si la tierra se lo hubiese comido, los vestigios son inexistentes.
El Milagro de Frómista
Solo podemos mencionar un par de detalles en relación con la cultura judía y que se siguen trasmitiendo. Uno, el protagonismo de Matutiel Salomón como prestamista en el Milagro de Frómista, y otro, el apodo por el que todavía hoy se conoce a los fromisteños allá donde vayan. Y es que, si a alguna persona local de Frómista, le saludan llamándolo judío, no solo no le extrañará, sino que contestará agradecido.
Saliendo de la iglesia, podemos seguir por la Calle del Milagro, donde se encuentra la “Piedra del Milagro”, situada justo delante de la que fue la casa de Pedro Fernández de Teresa, cristiano viejo que por el año 1453 pidió prestado dinero a un judío que vivía en la villa, pero no pudo devolver el préstamo en el plazo indicado y Pedro fue denunciado y excomulgado.
En la actualidad, tanto la patena como la estola se conservan en el museo de la Iglesia de San Pedro y aún se puede ver la llamada «piedra del milagro«, delante de la casa donde acaeció el suceso.
Localización de la judería
Solo podemos trazar una idea sobre la localización de la judería en torno al barrio del Castillo. Allí tenían lo que necesitaban, agua corriente, un barrio y la cercanía al poder que durante muchos siglos residió en el castillo que hoy ocupa la iglesia de Santa María. Además, alguno de los textos hoy conservados habla que desde la sinagoga se podía ver la iglesia del Castillo, lo que hace reafirmar esta teoría.

